A primera vista, una escuela y un tratamiento facial no parecen tener mucho que ver. Pero si alguna vez te has preguntado por qué ciertas marcas de cosmética natural aparecen con frecuencia en el entorno de la pedagogía Waldorf, la respuesta tiene una raíz común, y no es casualidad.
La pedagogía Waldorf: un mismo origen, tres caminos distintos
La pedagogía Waldorf nació en 1919, cuando Rudolf Steiner fundó la primera escuela en Stuttgart, germen de lo que hoy es un movimiento educativo internacional. Lo hizo a petición de un empresario que quería ofrecer una educación distinta a los hijos de sus trabajadores. Fue el comienzo de un proyecto educativo que hoy existe en más de mil escuelas repartidas por todo el mundo.
Pero la pedagogía fue solo una de las direcciones en las que Steiner desarrolló su pensamiento. En esos mismos años sentó también las bases de la agricultura biodinámica y de la medicina antroposófica —dos ramas que, aunque menos conocidas que la escuela, comparten exactamente la misma raíz filosófica.
De ahí nace también la cosmética que uso
Fue precisamente el encuentro personal entre Rudolf Steiner y el químico Rudolf Hauschka lo que dio origen, años más tarde, al método de elaboración con el que trabajo cada día. Esa misma visión, ya en manos de Hauschka y de la cosmetóloga Elisabeth Sigmund, se tradujo en una forma distinta de entender el cuidado de la piel. Se trata de acompañar los procesos naturales del cuerpo, en vez de intervenir sobre ellos desde fuera.
Por eso no es raro encontrar cosmética Dr. Hauschka en tiendas y publicaciones del entorno Waldorf: no es una alianza comercial, es un mismo árbol con varias ramas.
La pedagogía Waldorf, un hilo que también sostiene mi trabajo
Trabajar con esta cosmética no es, para mí, una elección aislada de producto. Es continuar, en la cabina, la misma mirada que sostiene una clase Waldorf o un cultivo biodinámico. Es confiar en que el organismo —el de un niño que aprende, el de una tierra que se cultiva, el de una piel que se cuida— sabe regularse mejor cuando se le da el espacio y el ritmo adecuados, y no cuando se le fuerza desde fuera.
Esa misma raíz está también en el masaje Pressel: su creador, el Dr. Simeón Pressel, fue médico escolar en una escuela Waldorf. Lo cuento en masaje Pressel para niños y pedagogía Waldorf.
Este artículo es de carácter informativo. Los tratamientos faciales son servicios de cuidado y bienestar de la piel. No sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico.
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