Cuando alguien recibe un masaje Pressel, no recibe solo una técnica. Recibe también, de alguna manera, a quien la aplica. El ritmo de las manos, la forma en que se sostiene el contacto, la cualidad de la presencia — todo eso varía de un terapeuta a otro aunque el protocolo sea exactamente el mismo. Y una parte importante de esa variación tiene que ver con algo que el terapeuta trae consigo desde mucho antes de aprender el método: su propio temperamento. El temperamento del terapeuta en el masaje Pressel no es un detalle menor: es, en cierto sentido, el instrumento con el que trabaja.
Igual que un músico no solo ejecuta una partitura sino que la interpreta desde lo que es, el terapeuta interpreta cada sesión desde su propia constitución. Y conocer esa constitución es parte del trabajo. Es una reflexión que el método me ha inspirado y que estoy empezando a explorar.
El temperamento del terapeuta: un instrumento, no un obstáculo
En la visión antroposófica, el temperamento no es algo que haya que superar o neutralizar para ser un buen terapeuta. Es una realidad que hay que conocer — porque lo que no se conoce actúa de todas formas, pero sin consciencia. El terapeuta que no conoce su propio temperamento no lo elimina de su trabajo: simplemente lo aplica sin saberlo.
Conocerlo, en cambio, abre algo muy valioso: la capacidad de distinguir lo que fluye naturalmente de lo que hay que cultivar de forma consciente. Las cualidades que un terapeuta aporta sin esfuerzo — porque son las suyas — y las que necesita despertar en sí mismo antes de entrar a una sesión.
Lo que aporta cada temperamento del terapeuta al masaje Pressel
El terapeuta melancólico suele tener una profundidad de contacto que es difícil de imitar. Sus manos van despacio, con peso, sin prisa — y esa lentitud no es falta de energía sino presencia. El tejido duro o cristalizado encuentra en esas manos una paciencia que lo invita a ceder sin sentirse forzado. Su riesgo puede ser quedarse demasiado tiempo en las zonas difíciles, cargando con el peso del otro.
Con el terapeuta flemático, en cambio, aparece una cualidad nutritiva y envolvente que el tejido blando agradece especialmente. Sus manos sostienen con continuidad, sin sobresaltos, con un ritmo que el organismo puede seguir sin esfuerzo. El tejido pastoso o sin estructura encuentra en esas manos un flujo que lo organiza suavemente. Su riesgo puede ser no aportar suficiente estímulo cuando el tejido lo necesita.
Cuando el terapeuta es sanguíneo, suele tener una ligereza y una capacidad de conexión entre zonas que es muy mercurial. Sus manos se desplazan con facilidad de un área a otra, llevando flujo donde hay bloqueo. El tejido nervioso y superficial puede sentirse acompañado por esa movilidad. Su riesgo puede ser quedarse en la superficie cuando el tejido pide profundidad.
Por su parte, el terapeuta colérico suele tener una presencia y una determinación que despierta el tejido sin tono. Sus manos tienen dirección, claridad, una voluntad que el músculo frío o inerte puede sentir como un impulso de vida. El tejido blando o sin iniciativa responde bien a esa energía. Su riesgo puede ser excederse en la intensidad cuando el tejido necesita suavidad.
Lo que cada temperamento del terapeuta necesita cultivar en el masaje Pressel
Ningún temperamento es perfecto para todos los tejidos. Y ese es precisamente el trabajo interior del terapeuta: conocer lo que le falta tanto como lo que tiene.
Al melancólico le conviene cultivar el impulso marciano y la ligereza mercurial — la capacidad de activar, de dar dirección y de encontrar la salida del peso — sostenidos por la alegría solar. Al flemático, el estímulo marciano y la forma saturnina — despertar el tejido y darle límite donde hay desbordamiento. Al sanguíneo, la profundidad saturnina y el centro solar — permanecer en lugar de dispersarse. Y al colérico, la receptividad venusina y el ritmo lunar — la suavidad que escucha y el ritmo que acompaña en lugar de imponer.
Este trabajo no ocurre durante la sesión. Ocurre antes: en la preparación, en la atención que el terapeuta pone en sí mismo antes de poner las manos en el otro. Por eso entiendo que, en este método, el trabajo interior del terapeuta forma parte del tratamiento tanto como la técnica.
El temperamento del terapeuta y el de quien recibe el masaje
Cuando el temperamento del terapeuta y el de la persona que recibe el masaje se encuentran en la camilla, algo ocurre. A veces esa combinación fluye con naturalidad — el terapeuta flemático con la persona colérica, por ejemplo, puede ser especialmente equilibradora. Otras veces la combinación exige más consciencia — dos temperamentos similares pueden reforzarse mutuamente en sus excesos.
No hay combinaciones buenas o malas. Hay combinaciones que el terapeuta necesita conocer para no quedarse dormido en sus propias tendencias — y para ofrecer lo que falta, no solo lo que le sale bien.
Si te reconoces en alguna de estas descripciones y quieres experimentarlo en primera persona, puedes conocer el masaje Pressel en Sitges y Barcelona.
Si quieres entender mejor el fundamento de este masaje, puedes leer sobre la visión del ser humano que lo inspira, sobre las fuerzas planetarias que actúan en la musculatura, o sobre los cuatro temperamentos tal como se expresan en el tejido.
Para saber más sobre el método puedes visitar la Asociación Española de Masajistas Pressel.
Este artículo es de carácter informativo. El masaje Pressel es una terapia corporal de bienestar y prevención. No sustituye el diagnóstico ni el tratamiento médico.
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