¿Por qué dos personas con la misma edad, el mismo trabajo y el mismo nivel de estrés tienen tejidos tan distintos cuando las manos del terapeuta empiezan a trabajar? Una llega con una espalda dura como piedra y piernas frías sin tono. La otra llega con tejido blando, sin estructura, que se hunde bajo los dedos. Ni una ni otra está «mal» — simplemente son distintas. Y esa diferencia, en la tradición que da origen al masaje Pressel, tiene un nombre: el temperamento. Los temperamentos en el masaje Pressel no son solo una cuestión de carácter — llegan hasta el tejido muscular.

Los cuatro temperamentos —melancólico, flemático, sanguíneo y colérico— son una de las formas más antiguas de entender al ser humano. La medicina hipocrática describía los cuatro humores, y Galeno desarrolló a partir de ellos los cuatro temperamentos. Rudolf Steiner los integró en la imagen ampliada del ser humano que ofrece la Antroposofía y los dotó de un fundamento preciso. Y en el masaje Pressel, esa comprensión no se queda en lo teórico: llega hasta las manos del terapeuta.

Los temperamentos en la visión antroposófica

En la Antroposofía, los temperamentos no son tipos psicológicos fijos ni etiquetas de carácter. Surgen de algo más profundo: la forma en que los cuatro miembros constitutivos del ser humano —cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y Yo— se relacionan entre sí en cada persona. Cuando uno de estos miembros predomina sobre los demás, ese predominio tiñe la forma de vivir, de moverse y de enfermar de esa persona. Eso es el temperamento.

No son categorías cerradas. En cada persona conviven los cuatro en distintas proporciones, con uno o dos predominantes. Y lejos de ser un defecto, cada temperamento aporta un don: la profundidad del melancólico, la constancia del flemático, la ligereza del sanguíneo, la fuerza de iniciativa del colérico.

Los temperamentos en el masaje Pressel: cómo se expresan en la musculatura

En la visión antroposófica, los temperamentos no se expresan solo en el carácter: Steiner los describe también en el cuerpo, en la forma de moverse y de estar. La idea que estoy explorando es que llegan también hasta la musculatura. El tejido muscular sería, en cierto modo, el lugar donde el temperamento se hace cuerpo — visible y palpable para quien aprende a leerlo.

Según los textos de formación del método, el masaje Pressel trabaja con el organismo muscular como instrumento del cuerpo astral — el miembro constitutivo portador de la vida anímica, que actúa de forma predominante sobre la musculatura. Y si cada temperamento surge del predominio de uno de los cuatro miembros, es lógico pensar que esa impronta llegue también al tejido.

El melancólico, cuyo cuerpo físico predomina, tiende a un tejido denso, frío y con poca capacidad de ceder. Los músculos guardan experiencias, retienen, no se sueltan fácilmente.

El flemático, cuyo cuerpo etérico predomina, tiende a un tejido blando, pastoso, con poca definición de forma. El músculo se hunde bajo los dedos sin resistencia organizada.

El sanguíneo, cuyo cuerpo astral predomina, tiende a presentar un tejido reactivo y vivo, pero superficial. Responde a todo pero sin profundidad ni arraigo.

El colérico, cuyo Yo predomina, suele llegar con un tejido caliente, tónico y en tensión. Las contracturas son precisas, localizadas, como puntos que guardan una fuerza que no ha encontrado salida. Son descripciones que forman parte de una investigación en curso, no una clasificación cerrada.

Lo que orientan los temperamentos en el masaje Pressel

Conocer el temperamento de quien llega a la camilla no cambia la estructura del masaje — el protocolo es el mismo para todos. Lo que cambia es la calidad de la presencia del terapeuta: su intención, su atención y la forma en que habita cada gesto.

Esta comprensión orienta la atención del terapeuta: con un tejido melancólico, la paciencia es fundamental — el tejido denso no cede rápidamente y necesita calor, calma y una presencia que sostenga sin invadir. Con un tejido flemático, el estímulo puede ser más preciso — el tejido necesita que algo lo despierte. Con un tejido sanguíneo, la atención se dirige hacia la profundidad en lugar de seguir el ritmo superficial. Y con un tejido colérico, la presencia ecuánime del terapeuta es especialmente importante — ese tejido responde a la calidad interior de quien lo toca.

Una comprensión que va más allá de una sesión

La percepción del tejido en cada sesión responde a la pregunta: ¿qué necesita este músculo hoy? El conocimiento del temperamento ayuda a responder una pregunta más profunda: ¿qué fuerzas necesita cultivar esta persona en su camino vital?

El temperamento habla de la constitución duradera — de la tendencia estructural que acompaña a una persona a lo largo de años. Por eso esta comprensión no solo enriquece cada sesión individual, sino el proceso completo: orientar la atención hacia lo que esa persona, en el fondo, más necesita recibir.

Si te reconoces en alguna de estas descripciones y quieres experimentarlo en primera persona, puedes conocer el masaje Pressel en Sitges y Barcelona.

Si quieres entender mejor el fundamento de este masaje, puedes leer sobre la visión del ser humano que lo inspira, sobre el principio de la polaridad que organiza cada sesión, o sobre las fuerzas planetarias que actúan en la musculatura. Y si te interesa la dimensión del terapeuta, puedes leer sobre el temperamento del terapeuta en el masaje Pressel — lo que las manos revelan de quien las usa.

Para saber más sobre el método puedes visitar la Asociación Española de Masajistas Pressel.


Este artículo es de carácter informativo. El masaje Pressel es una terapia corporal de bienestar y prevención. No sustituye el diagnóstico ni el tratamiento médico.